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Música Clásica y ópera de Classissima

Maurice Ravel

lunes 16 de enero de 2017


rtve.es - música clásica

5 de enero

Las mañanas de RNE - Ramon Gener nos presenta su libro 'El amor te hará inmortal'

rtve.es - música clásicaEl pianista, barítono, escritor y divulgador musical Ramon Gener, presentador de This is opera en La 2, nos presenta su último libro, El amor te hará inmortal. Música, memoria y vida, un viaje por las emociones a través de la música que el autor decidió emprender después de que su padre muriese de alzhéimer, un momento que asocia al bolero de Ravel, una melodía que, tal como explica, se repite y repite, en la que no cambia nada salvo la intensidad y en la que al final hay un "derrumbe". "Cualquier cosa que pienso, cualquier cosa que me sucede en la vida, al final me sucede con música o la traduzco en música. Aquel día, viendo cómo mi padre moría por segunda vez [Ramon Gener cuenta que la primera fue cuando dejó de reconocerle por la enfermedad y la segunda cuando dejó de respirar], pensé: dios mío, si el señor Ravel ha escrito el bolero para que mi padre pueda morir" (05/01/17).Escuchar Audio

Scherzo, revista de música

11 de enero

La JONDE aborda Ravel, Glière y Sibelius en el Auditorio Nacional

La Joven Orquesta Nacional de España (JONDE) interpretará el próximo lunes 16 de enero a Maurice Ravel, Reinhold Glière y Jean Sibelius en el Auditorio Nacional de Madrid.  leer más




Ya nos queda un día menos

26 de diciembre

Ravel por Ozawa: refinamiento extremo

Entre las grabaciones realizadas originalmente en toma cuadrafónica –nunca editadas como tales– por el sello Deutsche Grammophon en los años setenta y ahora recuperadas con la imagen sonora original por Pentatone en SACD, se encuentra esta selección de la completa serie de registros con música de Maurice Ravel que en 1974 realizaron Seiji Ozawa y la Sinfónica de Boston. Hay que descubrirse, porque el sonido es de una naturalidad, de una pureza tímbrica y de un sentido espacial dignos de admiración. Por no hablar de la gama dinámica, aunque esta no sea aquí muy espectacular por la naturaleza de las obras seleccionadas, entre las más digamos "íntimas" de las escritas para orquesta por el autor: Le tombeau de Couperin, Menuet Antique, Ma Mère l'Oye –versión ballet–, Valses nobles et sentimentales y Une barque sur l'ocean. Frente a los muy irregulares resultados del Daphnis del mismo año comentado en este blog, las interpretaciones son todas de gran altura: aquí el maestro de origen oriental no se deja llevar por el exceso de nerviosismo ni desatiende las texturas. Ahora bien, se pueden no compartir las premisas en las que se basa el Ravel de Ozawa. Y es que éste es ante todo elegante, delicado, sensual y refinado en extremo. No me vayan a malinterpretar: uno se queda fascinado por el fraseo curvilíneo, diríase que Art Nouveau, del que hace gala la batuta. Por su desarrolladísimo sentido del color, suave y difuminado, nunca incisivo, y por ende perfecto para el impresionismo. Y por las enormes dosis de belleza sonora que sabe extraer de su maravillosa orquesta, que suena aérea sin perder plasticidad ni opulencia cuando la necesita. Pero al final uno puede acabar un poco harto de tanta suavidad y de tan escasos contrastes, y echar de menos lo que exactamente por las mismas fechas hacía Jean Martinon con la Orquesta de París en grabaciones para EMI que todo buen melómano debe tener en su discoteca. Por no hablar de las interpretaciones muy distintas a éstas que en ese mismo año (menuda cosecha la del 74!) registraba Pierre Boulez, por cierto con una toma cuadrafónica bastante más espectacular pero mucho menos limpia que la que ahora recupera Pentatone. Dicho todo esto, podemos descender un poco al detalle. Le tombeau de Couperin recibe una interpretación fluida y elegante, de enorme depuración sonora, en la que la orquesta suena con un punto de agilidad y ligereza muy adecuado para la obra. Esta además necesita ese toque de coquetería digamos que “rococó” que para un maestro como Ozawa es muy fácil de obtener, aunque uno pueda preferir un punto extra de incisividad. Muy francesa la lectura del Menuet Antique con riqueza de acentos, pero también con su punto de distanciamiento; otra cosa es que Ozawa no se muestre del todo valiente ante las texturas algo socarronas propuestas por el compositor y ofrezca un humor más sutil y bienhumorado que otra cosa. Ma Mère l'Oye es en manos de Ozawa pura filigrana, destilando además una buena dosis de ternura, encanto y poesía, aunque siempre desde un punto de vista más contemplativo que narrativo y con una expresividad algo más naif de lo acostumbrado. En Valses nobles et sentimentales la óptica vuelve a ser distinguida y algo distanciada, y por ende no hay particular chispa ni arrebato, pero en cualquier caso el idioma es perfecto y la obra se encuentra soberbiamente planificada y ejecutada. ¡Qué maravilla era ya por esa época la Boston Symphony, y qué bien acostumbrada al idioma raveliano la había tenido Charles Munch! Para terminar, Une barque sur l'ocean en interpretación lenta, estática, de una belleza incomparable, pero en exceso contemplativa y sin ese carácter tempestuoso que la obra necesita. A la postre, recomendaría este disco muy especialmente a los amantes de la alta fidelidad, porque el trabajo de los ingenieros de sonido de la Deutsche Grammophon de aquella época y el de los de Pentatone en fechas mucho más recientes es de quitarse el sombrero. Pero que conste que el contenido musical, con todos los reparos expuestos, es de enorme calidad. Merece la pena la compra.

Ya nos queda un día menos

22 de diciembre

Los Cuadros de Dudamel en Viena: piloto automático

Con las evaluaciones de esta mañana y las clases que por la tarde ponen punto y final al primer trimestre quedo temporalmente descargado del enorme trabajo de las últimas semanas, así que en estas fiestas espero actualizar el blog con más frecuencia. Comienzo con un disco recién salido al mercado: Cuadros de una exposición de Mussorgsky/Ravel en interpretación de Gustavo Dudamel y la Filarmónica de Viena registrada por los ingenieros de Deutsche Grammophon en la Musikverein de la capital austríaca en abril de este mismo año. Sin mucho acierto técnico, a decir verdad: la orquesta suena con naturalidad pero un poco difusa y sin mucha pegada, incluso en la descarga en alta definición que he tenido la oportunidad de escuchar. ¿Y la interpretación? Conociendo a Dudamel, me esperaba una lectura extrovertida, llena de vida y color, de elevado sentido descriptivo y también un poco superficial, más "música de cine" que otra cosa, y quizá algo efectista. Pues no, nada de eso. Todo lo contrario. Es la suya una interpretación de trazo fino, elegante y cuidadosa, dicha con exquisito gusto, no exenta de sensualidad ni de poesía digamos que raveliana, pero falta de garra, de potencia expresiva, de sentido teatral de contrastes expresivos e incluso de matices: quitando algún detalle interesante aquí y allá, da la impresión de que el maestro venezolano hubiera puesto el piloto automático. Que al Gnomo esté dicho un tanto de pasada, Bydlo suene algo alicaído – impresionante la tuba, eso sí– y a la bruja le falte fuerza no deja de decepcionar; en contrapartida, las Tullerías o los Pollitos estén dichos con adecuado encanto, mientras que el Mercado de Limoges de desarrolla con una enorme agilidad. Muchísimo mejor las propinas. No recibe Noche en el monte pelado –versión Rimsky, por supuesto– la interpretación más electrizante o escarpada posible –increíbles Rostropovich/París y Muti/Philadelphia–, pero su claridad resulta admirable y en la sección final nos atrapa una flauta que frasea de manera excepcional sobre el color plateado de la cuerda vienesa. Y vuelve a ser la sonoridad de la Wiener Philharmoniker la principal baza del Vals de El lago de los cisnes, dirigido de manera irreprochable por una batuta de enorme talento que debería dedicar más tiempo al estudio y menos a ser una estrella mediática.



Ya nos queda un día menos

15 de diciembre

Argerich y Pletnev cuentan cuentos

Martha Argerich y Mikhail Pletnev unieron sus fuerzas en agosto de 2003 al servicio de los ingenieros de Deutsche Grammophon para grabar un disco de repertorio verdaderamente precioso, de esos pensados para quienes buscan música "de verdad" y no mero virtuosismo: suite de La Cenicienta de Prokofiev en arreglo para dos pianos del propio Pletnev y la versión original de Mi madre la oca. Los resultados fueron excelentes, aunque no exentos de desigualdades. Es excepcional, a mi entender, la interpretación de la partitura del ruso. Conociendo a la Argerich, quien si años más tarde demostrará ser capaz de doblegar al mismísmo Barenboim no tiene aquí problemas en llevarse a Pletnev a su terreno, podría pensarse en que la lectura van a primar la electricidad, la efervescencia y el sentido del humor irónico y aristado con los que tan estupendamente sintoniza la de Buenos Aires. Pues no: aunque hay mucho de eso –ideales el fraseo felino y el toque percutido de la artista para atender a estos aspectos–, ante una música tan increíblemente poética la fiera se amansa para desplegar, en los números más íntimos, una portentosa concentración, una exquisitez en el toque y una sensualidad en el fraseo para derretirse. Prokofiev en toda su verdad, plenamente al descubierto. En Mi madre la oca las cosas no funcionan igual de bien. Tengo la sensación de que ninguno de los dos artistas –aquí Pletnev está todavía más argerichzado– termina de sintonizar con la estética de Maurice Ravel. Ni siquiera están muy concentrados en los dos primeros números, mientras que en Laideronnette llegan a correr un poco más de la cuenta; los dos últimos creo que están bastante más conseguidos, aunque en todo momento hablamos de un nivel  notable en lo expresivo y, por descontado, altísimo en lo que a virtuosismo se refiere. Toma sonora espléndida, y más aún en SACD multicanal.

Maurice Ravel
(1875 – 1937)

Maurice Ravel (7 de marzo de 1875 - 28 de diciembre de 1937) fue un compositor francés del siglo XX. Su obra, frecuentemente vinculada al impresionismo, muestra además un audaz estilo neoclásico y, a veces, rasgos del expresionismo, y es el fruto de una compleja herencia y de hallazgos musicales que revolucionaron la música para piano y para orquesta. Reconocido como maestro de la orquestación y por ser un meticuloso artesano, cultivando la perfección formal sin dejar de ser al mismo tiempo profundamente humano y expresivo, Ravel sobresalió por revelar «los juegos más sutiles de la inteligencia y las efusiones más ocultas del corazón».



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Bolero Mi Madre La Oca Valse Dafnis Y Cloe Cuadros De Una Exposición

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